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Es cierto que en la expedición, había mucha espectación y ganas de probar el famoso pata laqueado al estilo de Pekín. Anunciado en el programa del viaje, era una de las cenas más esperadas por la exquisitez del manjar que ibamos a tener el placer de saborear. En Barcelona, puedes encontrar contadisimos restaurantes que se atrevan a ofrecer este plato, y además cuando figura en la carta, su precio esta por las nubes. Por ntodo ello esta, era una cena especial. Todos estabamos ansiosos de comprobar si el plato que ibamos a cenar, hacia gala de la fama que le precedía. Y ciertamente no hubo decepción. Despúes de la habitual priemra ronda de platos, irrumpieron en el local varios cocineros impecablemente uniformados llevando los carros llenos de patos laqueados. De forma ceremoniosa y ritual, comenzarón a cortarlos, preparando las bandejas delante de todos los comensales. Fue uno de los momentos álgidos de la noche. Muchos nos pusimos de pie, y nos acercamos a los cocineros para inmortalizar el momento en que con gran facilidad y maestría iban desgajando la carne del pato, como a modo de los cortadores de jamón aquí en España. Y cuando por fín pudimos saborear la primera tortita de pato laqueado, entendimos el porque de la fama de este plato. Era exquisito. La piel crujiente, la carne jugosa y deliciosa, la tortita que lo envuelve, la salsa y la cebolleta que lo acompañan, en fin se me hace la boca agua solo de recordarlo miestras voy pulsando las teclas al escribir esta crónica. Tod un acierto de SERVISECO, que como en otras tantas ocasiones durante el viaje, dejó constancia de la esmerada planificación del viaje.
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