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Nada más aterrizar en Pekín, nos esperaba un autocar que nos llevó hasta el hotel. Todo controlado, sin colas ni momentos de espera. El registro en el hotel se realizó de forma colectiva, por lo que no tuvimos que esforzrnos siquiera en entendernos con los recepcionistas. Durante la mañana fueron llegando las diferentes grupos en los que se dividía la expedición, y nos fuimos acomodando en las habitaciones. Ya al mediodía, y aún no repuestos del Jet lag, subimos a los autocares que nos trasladan al restaurante donde disfrutaremos de nuestra primera comida en Pekín. No podiamos disimular nuestra curiosidad y expectación. ¿Quien no ha comido alguna vez en un restaurante chino en España? Todos hemos probado alguna vez la comida china, pero en esta ocasión era distinto. Ibamos a comer comida china pero en la misma china, en un restaurante típico de Pekín. Los decorados no eran de imitación, los alimentos no eran adaptados al gusto occidental, todo era auténtico, original, estabamos a punto de pasar nuestra primera prueba de fuego en Pekín. El local, un restaurante típico de una barriada de Pekín, resulto ideal para esta primera ocasión. Aposentados en la primera planta del local, amplía , diafana y con luz de día, se formaron los primeros grupos de colegas que fueron completando las mesas de a diez. En un ambiente cálido y relajado, la comida no tardeo en llegar. Multitud de bandejas de los más variopintos manjares chinos fueron ocupando la gran plataforma circular y giratoría que preside todas las mesas en china. La curiosidad nos invadía, y el hambre hizo el resto. Tímidamente empezamos a probar un poco de un plato, un poco de otro y empezamos a descubrir que todo estaba buenísimo. Así que nos animamos, dejamos atrás nuestros temores, algunos pedimos cuchillo y tenedor, y nos dispusimos a degustar los sabrosos manjares que teníamos ante nosotros. Sin duda, toda una agradable experiencia. |
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